El desayuno



El Desayuno

Desayunar significa interrumpir el ayuno. 
Generalmente lo hacemos en la cocina de nuestra casa, pero a veces nos gusta convertirlo en todo un acto social, todo depende del sitio donde lo hagamos.

Primero tomamos un zumo de naranja recién exprimido y una taza de café, sólo o cortado con una nube de leche, para espabilarnos. 
A veces a toda prisa, y otras con la tranquilidad de que nos espera por delante una jornada de descanso.



Después comienza todo un ritual; para aplacar esa leve sensación de hambre, comenzamos por devorar algo dulce, ya sea unas magdalenas esponjosas y tiernecitas, unas crujientes rebanás o unos sustanciosos churros con chocolate. 



Y para no desmerecer a nuestra fama de  dieta mediterránea, no pueden faltar en un buen desayuno, unas magníficas tostadas untadas con deliciosa mantequilla y mermelada, para los más golosos, o con un buen chorrito de “oro líquido”, nuestro aceite de oliva, enriquecido con unas lonchitas de jamoncito y un poco de tomate; Y los más sobrios solo con un poco de ajo restregado sobre el pan tostado o un poco de azúcar espolvoreada por encima del aceite.



Algunos lo hacemos nada más levantarnos y otros con mejor fortuna y que poseen la suerte de tener un trabajo, lo hacen cuándo llevan varias horas en pie, para los más osados, el desayuno suele ser diferente, consistiendo normalmente en un bocadillo de tortilla, jamón, queso, etc., y acompañado por una cervecita fresquita o cualquier otra bebida.
Y para completar la faena se puede  añadir alguna que otra pieza de fruta de temporada, un yogur y unos cereales con leche. En fin todo depende de nuestro apetito…