Bocadillo de Lomo con Queso Payoyo

No os quiero enamorar, aunque estoy segura que, al igual que nos pasó a nosotros en casa, caeréis rendidos, ante mi última delicatessen al primer bocado, y no, no me digáis que a vosotros no os pasará, o que no lo haréis porque os pongo la cosa complicada, nada más lejos de mi intención, pues este bocadillo gourmet, en formato montadito, está para tocarles las palmas, quizá suene pretencioso que lo diga yo, habiendo salido de mi cabecita pensante, pero pese a su simplicidad, me quedó para chuparse los dedos, y eso, cuando menos es motivo para que merezca la pena compartirlo.
Comer de bocata me vuelve loca, por eso llevo tiempo combinando ingredientes, algunos comunes y otros selectos, para aumentar mi lista de Bocadillos a tener en cuenta, e incluso los comparto con vosotros, no solo para daros envidia sana, que también, ¡ja, ja, ja...!, sino para ayudaros a poner variedad en vuestra mesa, ahora que comienza el calorcito y va apeteciendo cenar al aire libre, pero sobre todo porque todos mis bocadillos son perfectos para esos momentos en los que lo último que apetece es cocinar, y sin embargo deseamos comer algo rico y sabroso. Justo ahí es donde un buen bocadillo, cobra especial protagonismo, ya que en su mayoría se elaboran en un visto y no visto, y si cuidamos la presentación, puede hacer de cualquier cena improvisada, una comida de lujo.
El bocadillo que os enseño, tiene algún paso previo, no temáis porque prepararlos es tan fácil como tostar el pan, marcar los filetitos de lomo y saltear los Portobello en un sartén, además de cocinar con antelación las cebollitas francesas, que igual podéis cambiarlas por cebolla caramelizada, si os gustan los sabores dulces en contrastes, en definitiva nada complicado para el resultado delicioso que buscamos, os lo explicaré detalladamente en la receta, pero antes, quiero contaros una breve historia que me vino a la cabeza cuando estaba cocinándolos.
![]() |
| Chips de Boniato |
Solía frecuentar, hace años, uno de esos bares de barrio, donde servían mucha y buena comida, sin pamplinas, y si al entrar, se te ocurría saludar diciendo: «¡Mu’buenas! ¿Cómo va la cosa?»; podía ser el desencadenante de un acalorado intercambio de opiniones, entre cuitas, de afectados por la crisis, sanidad, educación, etc., la situación se iba desviando, en un ratito de conversación matutina, a veces insustancial, como un toma y daca insoportable; pero era uno de esos sitios, en los que te trataban como si fueras de la familia, y en un ambiente distendido, a pesar de las diferencias, cada uno dando su opinión desde su lado de la barra, disfrutaba a dos carrillos ante un rico Desayuno de los que te alegran el día, que si un café con unos Calentitos, que si una «tostaíta con Jamoncito del bueno bien despacháo», en fin, dieta mediterránea 100%, que te hacía sentir como el rey del mambo, después de haber pagado cuatro cuartos, e irte con la impresión de haber salvado el mundo tras una plática informal, y el estómago lleno. Ya lo advertía el propietario, con un poquito de guasa, en un cartelito con más mugre que siete jamones, colgado con una guita, bien a la vista encima de la máquina de café, para que la clientela lo leyera indefectiblemente, donde decía:
«“Prohibido hablar de la cosa”».
Aunque no era exclusividad del sitio, ya que dicha frase utilizada para referirse de manera eufemística a la situación sin hacer mención específica, llegó a ser tan popular, que raro era el lugar donde no se luciera de manera visible, advirtiendo al personal de las posibles consecuencias adversas; de todos modos, para evitar polémicas, lo mejor era, y es, no entrar en controversias con cualquiera, pues según se diera, podía arrastrarte a marcharte con el ánimo descontento, teniendo un mal café, de ahí que con buen talante y muy sabiamente, prohibir hablar de ciertas cosas, no solo era beneficioso para el negocio, sino también para la salud de los parroquianos.

Os estaréis preguntando que conexión tiene esta historia con mi bocadillo, pues sinceramente nada en particular, solo que, la otra noche, estando mi ‘santo’ y yo en la cocina, mientras preparábamos, mano a mano, la cena, charlábamos de cosas cotidianas, y como una cosa lleva a la otra, me vino a la memoria el dichoso cartelito y en concatenación, recordé un queso riquísimo, que ponían de tapa en ese bar, no era Payoyo pero estaba bien bueno, también me acordé de unos montaítos acompañados de una bebida bien fresquita, que como dice mi padre, «“Quitaban las tapaeras der sentío”».
El caso es que esa misma tarde habíamos comprado el queso Payoyo semicurado que os enseño en la imagen, y mientras él cortaba unas cuñas, para catarlo, yo me marcaba a la plancha, vuelta y vuelta, unos filetitos de lomo, que pensaba servir metidos entre dos rebanadas de crujiente pan recién tostado, acompañados de unos Chips de Boniato que acabamos de hacer, para un picoteo tonto, pero una vez metida en faena, se me ocurrió añadir unas cuantas cositas ricas más, resultando un par de bocadillos, que de lo rico que olían, no pude menos que hacer unas cuantas instantáneas para inmortalizarlos, de nuevo imbuida por mi desmesura fotográfica ¡ja, ja, ja...! Y aquí los tenéis, para que disfrutéis de principio a fin, como quien no quiere la cosa.
Comenzamos.
INGREDIENTES (para 2 Bocadillos)
- 4 Rebanadas de Pan de Pueblo
- 2 Filetitos de Lomo de Cerdo
- 2 Setas Portobello, grandes
- 2 Cebollitas Francesas al Pedro Ximénez (según mi receta)
- 6 Cuñas de Queso Payoyo Semicurado
- 2 Lonchas de Jamón Curado
- Sal y Pimienta
- Orégano
- Aceite de Oliva Virgen Extra
![]() |
| Queso Payoyo Semicurado |
ELABORACIÓN
- Cortar los Portobello en láminas y marcar a la plancha, por ambas caras, con unas gotas de aceite y una pizca de sal. Reservar.
- Cortar el queso en cuñas. Reservar.
- Salpimentar los filetes. Marcar a la plancha con unas gotas de aceite.
- Cortar las cebollitas a rodajas, soltando los aros.
- Tostar las rebanadas de pan, ligeramente por ambas caras.
- Disponer cada filete sobre una rebanada de pan.
- Cubrir con unas láminas de Portobello.
- Disponer encima tres cuñas de queso Payoyo.
- Espolvorear con una pizca de orégano.
- Cubrir con unos aros de cebollitas francesas al Pedro Ximénez.
- Disponer encima una loncha de jamón.
- Cubrir con otra rebanada de pan y servir acompañado de unas Chips de Boniato.




Comentarios
Publicar un comentario
No te marches sin dejar un comentario, cuéntame alguna cosa, quiero conocer tus dudas, tus sugerencias, tu opinión me interesa siempre.