Tarta de Queso


Si tuviera que elegir, entre todas las tartas de queso del mundo, cual es mi favorita, lo tendría muy difícil, ya que todas las que he comido en mi vida, tienen algo que me gusta, pero cuando recae sobre mí, la necesidad u “obligación” de preparar, o recomendar alguna en este espacio, siempre recurro a las de elaboración en frío, es decir, las que se hacen sin hornear, aunque lleven algún paso al fuego, suelen ser muy fáciles, tanto es así que las que tengo publicadas en DBM son todas similares, por cierto que hace años, me dio por preparar una de requesón, con la receta de Elena Santonja, se la vi hacer en el popular programa de televisión de los ‘80, “Con las manos en la masa”, y no sé porqué nunca la he compartido, porque nos gustaba tanto que la preparaba con asiduidad, en realidad sí que lo sé, sufriendo altibajos constantes en mi vena repostera, es cierto que algunas cosas van siendo olvidadas sin razón aparente, era una tarta horneada deliciosa, con un punto suave de textura tipo mousse cremoso, que la hace muy ligera para ser una tarta de queso, buscaré la receta en mis cuadernos, a ver si la encuentro y cae un día de estos para enseñárosla, aunque si queréis probar una Tarta de queso fácil horneada, recomiendo la que mi amiga Maria José compartió en su Blog La cocina de Mj Salla, se hace con queso mascarpone, en lugar de requesón, y la aromatiza con esencia de vainilla, la que yo hacía llevaba esencia de limón, por lo demás es idéntica a la que refiero.

Hace poco, con ocasión de una merienda familiar, opté por hacer una horneada, salvando las distancias, similar a la popular estilo “La Viña”, o a la “New York Cheesecake” que es más parecida a las que he hecho otras veces, pero me resistía a compartirla por aquello de evitar comparaciones, aunque en mi cocina hago lo que me sale del alma, especialmente si es para complacer a mi Carmen, a quien le encanta mi repostería casera y quería sorprender a la niña de sus ojos, en el día de su cumpleaños, ya que la tarta de queso es su debilidad, incluso viajó recientemente a las ciudades de Nueva York y Donostia (San Sebastián), expresamente para probar las auténticas, contando maravillas, así que le dimos una dulce sorpresa. Como referente teníamos el listón muy alto y más por mi parte que era sobre quien recaía la responsabilidad, para inspirarme un poco recurrí a la red, viendo tantas que al final decidí, hacerla a nuestro modo y quedó muy bien, sin ser exactamente igual a la original, o eso creo, me tomé la licencia de presentarla de manera vistosa para sorprender a la cumpleañera.


La diferencia, entre la New York Cheesecake y la tarta de queso vasca, está en que la neoyorquina tiene un aspecto impecable y con una densidad compacta, para que el corte de las porciones sea perfecto, en cuanto a la tarta donostiarra tiene un acabado más rústico, con un exterior rugoso, casi carbonizado en los bordes, su interior es de textura suave y muy cremosa, en nuestra tarta, veréis que tiene una cobertura ligeramente tostada, ya sabéis que cada horno es un mundo, pero esto no es algo que confiera a la tarta un acabado seco, al contrario, lo justo para que adquiera el cuerpo necesario, ayudando a mantener la forma al cortarla en porciones perfectas, también, como extra, añadimos una base de galletas, que es como suele gustar a todos en casa, prefiero hacerlo así porque, además de consistencia, sé que es una apuesta a caballo ganador, basándome en anteriores experiencias, no me equivoqué, resultando tener la cremosidad justa y el sabor exquisito, pero lo mejor de todo fue que a la homenajeada le supo deliciosa, repitiendo incluso porción.

Esta tarta de queso, en cuestión, no tiene dificultad alguna, es de esas recetas reposteras ideales para los no iniciados, o los que como yo, siempre andamos a prisa y corriendo, con una receta básica y sencilla, en la que teniendo dispuestos todos los ingredientes en la mesa, antes de comenzar, sale perfecta. Tan solo, si tuviera que modificar algo, sería la cantidad de mantequilla, reduciéndola un poco, la que añadí a la base de galleta, al hornearse se volvió líquida, desbordándose, aunque no supuso ningún problema, solo hay que tener en cuenta que el papel sulfurizado, para forrar el molde ha de cubrir la unión del fondo y los laterales, yo solo lo puse en la base y por eso la mantequilla salió por la junta del molde, aunque estaba bien ajustado no es hermético, manchando ligeramente el horno, por lo que tuvimos que limpiarlo en caliente para sacar mejor la grasa, pero no temáis, que este es un mal menor, además la base de galletas queda crujiente y ligera, con un delicioso sabor a Beurre Noisette; a la vista está, aunque la luz artificial de la sala, donde merendamos e hice las fotografías, no le hace justicia, os aseguro que del natural la tarta tenía un color precioso, en fin, esos gajes del oficio bloguero que una tiene a bien comentar, para que nadie diga luego que no aviso.
Comenzamos.


INGREDIENTES
  • 1 kg de Queso Crema (Philadelphia)
  • 500 g de Nata para montar (35% M.G.)
  • 7 Huevos M
  • 350 g de Azúcar
  • 30 g de Maicena
Para la base de la tarta
  • 200 g de Galletas María
  • 100 g de Mantequilla (mejor 50/70 g máx.)
  • Un molde desmontable de 28 cm
  • Papel sulfurizado
Para la decoración
  • Flores naturales (no comestibles, de nuestro jardín)
  • Chocolatinas en forma de hoja (Chocolate belga, con leche)
  • Velas de números, especial para tartas de cumpleaños


ELABORACIÓN
  1. Introducir un bol grande en el frío, durante unas horas, para semimontar la nata.
  2. Precalentar el horno a 200 ºC / 10 minutos. Calor arriba ya abajo.
  3. Cubrir el molde con una hoja de papel sulfurizado, sobresaliendo por los bordes, para evitar el posible desbordamiento de la masa de la tarta, ya que suele subir al hornearse.
  4. Triturar las galletas, con la picadora, y mezclar con la mantequilla hasta conseguir unas finas migas sueltas.
  5. Cubrir el fondo del molde con las migas de galleta, nivelando con la palma de la mano o un vaso. Reservar.
  6. En un bol amplio, echar el queso y batir con unas varillas, o tenedor, hasta obtener una crema fina y sin grumos (se puede hacer con la amasadora eléctrica).
  7. Añadir el azúcar y mezclar.
  8. Agregar los huevo, uno a uno, mezclando bien cada uno, antes de añadir el siguiente.
  9. Añadir la maicena, tamizada, y mezclar bien.
  10. En el bol frío, batir la nata, hasta que adquiera un poco de consistencia, sin que llegue a montar.
  11. Mezclar con la crema de queso, con una espátula o lengua pastelera, con movimientos envolventes, sin batir para  evitar que se airee y salgan burbujas al hornearse.
  12. Verter la masa sobre la base de galletas.
  13. Introducir el molde en el horno. Hornear durante 40/45 minutos a 180 ºC, a media altura, calor arriba y abajo. Los últimos 10 minutos, si no está dorada, encender el ventilador y terminar de hornear.
  14. Al salir del horno, la tarta presentará un aspecto abombado y tembloroso en el centro, como si tuviera consistencia líquida, esto es normal, cuando enfríe cuajará, adquiriendo la característica textura cremosa.
  15. Enfriar, sin desmoldar, sobre una rejilla. Una vez fría la tarta, tapar y guardar en el frigorífico, unas horas, hasta el momento de servir (mejora de un día para otro).
  • Presentar la tarta desmoldada y decorada al gusto.












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