Mi Gata Carey

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Mi Gata Carey

Os presento a mi gata Carey, los que me seguís por Instagram ya la conocéis porque os la enseño cada dos por tres.
Pero hoy no vengo a hablaros de ella para contaros las cositas tan graciosas que hace, me tiene loca, o lamentablemente debería decir me tenía, porque hace dos semanas que salió de casa para hacer su escapada nocturna y nunca más la hemos vuelto a ver. 
Estoy rota de dolor, me ha costado un mundo poder hablar de ella sin que se me quiebre la voz, me tiemble la barbilla y me eche a llorar, aún ahora mientras escribo estas líneas, las lágrimas fluyen porque me duele su ausencia como si de una de mis niñas se tratara.
Carey era mi gatita preciosa, mi reina mora, mi piruleta de fresa, así la llamábamos mi Santo y yo, porque olía ¡tan bien! que daban ganas de achucharla, constantemente estaba acicalándose, era una gatita muy coqueta, limpia y aseada.
...¡Uf! No imaginaba que me iba a doler tanto escribir esto.

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Carey llegó a nosotros como un suspiro, casi sin llamar, su mamá la rechazó nada más nacer, tenía los ojitos cerrados, pasamos días cuidándola para que sobreviviera, alimentándola como a un bebé. Como recompensa, ella se dejaba querer, se subía a mi hombro jugueteando con mis rizos y curioseando mientras yo tecleaba sin parar (qué dificil era trabajar contigo, pero me hacías reír) o se arrebujaba en mi regazo, mientras yo tejía ella jugaba con la lana y se dormía largas siestas, que me dejaban fuera de escena por horas, me daba pena despertarla, se la veía ¡tan bonita! dando suspiritos, como soñando con un platito de leche calentita, y chascaba la lengüita con un ruidito característico en ella, como si dijera "ñañai", mis hermanas se reían porque yo la llamaba así y venía a mí ronroneando pidiendo que le diera un poquito de su golosina favorita.


A Carey le encantaba jugar con las abejas, era feliz cuando nos traía ramitas y flores secas del jardín (dicen los expertos que son muestras de cariño) que amontonaba en la alfombra del salón llegando a formar un pequeño montoncito y que yo recogía mientras ella de nuevo salía para volver a empezar.
Nunca he visto un gatito igual a mi Carey, y eso que en casa hemos llegado a tener 16 gatos; le hablabas y parecía comprender lo que le decías, te respondía con soniditos especiales, que nunca escuché en ninguno de nuestros gatos, solo le faltaba hablar para comunicarse con nosotros.
Era una gata que venía cuando la llamabas por su nombre, estuviera donde estuviera; consentida y bien educada, jamás hizo nada dentro ni fuera de casa por lo que tuviéramos que reñirle, era una gatita muy buena, era feliz con nosotros.
En mi desesperación me he pasado el día buscándola, estas semanas creo que me conoce todo el vecindario, la he llamado sin límites, desde la azotea, por los caminos colindantes, por todos lados pero ella no regresó, lo que me lleva a la sospecha que nada bueno le ha pasado.

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Y digo sospechar, por no acusar a nadie sin pruebas evidentes, pero desde hace tiempo algunos de nuestros gatos han desaparecido igual que ella, pero lo terrible es que cuando alguno ha regresado lo ha hecho con signos claros de haber caído en una trampa, lo sabemos porque las heridas provocadas por peleas entre gatos son de otro tipo, estas a las que me refiero son cortes en las patitas traseras y desgarros en la piel, que no se hacen con las garras o dientes de otro felino, son hechos con algo afilado donde la mano del hombre se ve claramente. Otros regresaron con síntomas de envenenamiento, llegando a tener un desenlace doloroso para ellos y para nosotros.
No comprendo como puede haber alguien que haga tanto daño gratuitamente, ¿qué puede hacer un gato, que sea tan dañino, como para quitarle la vida? 
Es así de doloroso, pero en el mundo hay muy mala gente, que vive tan tranquila, sin meditar en lo que hace, ni tener remordimientos de conciencia. 
Pero digo yo, que la vida es un boomerang, y hay que tener cuidado con el daño que se causa sin pensar en el dolor que sufrirá quién sea victima de sus malas acciones, no sea que esa maldad se vuelva contra el propio agresor.

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Buscando entre mis recuerdos, he seleccionado estas fotografías donde se ve claramente lo feliz que era, con su carita de buena, suave como el terciopelo, cariñosa y siempre dispuesta a comer de mi mano. A lo peor ha sido su exceso de confianza, lo que hizo que no regresara.
Con todo el dolor de mi corazón debo dar por hecho que nunca más volverás a casa, que nunca más te subirás en el sillón a dormir tu siesta, siempre alerta por si entra papá a la cocina y se deja caer con un rico sobrecito en tu platito. Que nunca más nos esperarás tras la puerta esperando nuestra llegada, que nunca más te frotarás contra mis piernas emitiendo suaves ronroneos de alegría, llenándolo todo de pelitos y que yo, aunque protestara, adoraba verlos, ahora te echo tanto de menos que muero de pena por no volverte a tener conmigo nunca más.
Carey, mi Carey, siempre serás mi gata loca, mi adorada gata, la que tantas alegrías me dio y la que un día, un individuo despiadado me arrebató sin compasión.
Allá donde te encuentres, quiero que sepas que siempre te querré y jamás te olvidaré.

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