Clafoutis


¡Ya estoy aquí! ¿Qué tal habéis pasado estas ocho semanas sin nuestro entretenido y sustancioso encuentro dominical? La verdad es que os he echado muchísimo de menos (y espero que vosotros a mí también). Sinceramente, este tiempo se me ha pasado volando. Ha sido un periodo bastante tranquilo, aunque no he parado de hacer lo que me apetecía: descansar, desconectar y disfrutar de ese tiempo libre que tanto me falta el resto del año. He cumplido con casi todo lo pendiente, aunque alguna tarea ineludible se haya quedado a medias. Me fui sin saber muy bien cuándo regresaría, pensando en septiembre, y regreso relajada y con unas ganas locas de bloguear.

He decidido comenzar con una receta dulce a pesar de que no me suelo prodigar con la repostería; mi verdadero fuerte es la cocina salada y tampoco quiero pecar más de lo debido. Mi propuesta de hoy es un clásico francés: el clafoutis. No he querido dejarlo en borradores porque siempre es un placer para la vista y el paladar saber que tenemos un bocado delicioso esperando la hora del postre. Aunque en España ya estemos fuera de la temporada de cerezas, siempre podemos recurrir a las de importación; en casa nunca faltan, ya que se encuentran en el mercado durante todo el año. Os aseguro que, incluso siendo un poco caras, merece la pena darse el capricho. Si os gustan los postres sutiles y nada empalagosos, os recomiendo probarlo, ya que es una tarta sumamente ligera.


El clafoutis es una tarta típica francesa originaria de Limoges, en la región de Nueva Aquitania. Se elabora con cerezas negras que, según la tradición, conservan el hueso para potenciar el sabor y evitar que los jugos se mezclen con la masa. Esta última consiste en una crema líquida —a medio camino entre la masa de crêpe y el flan— que al hornearse adquiere una consistencia compacta pero cremosa. Su combinación con el sabor de las cerezas ofrece un resultado sublime, no excesivamente dulce y con un toque ácido; una experiencia casi celestial para los amantes de la repostería casera.

Solo y exclusivamente ha de llamarse así cuando se prepara con cerezas; de hecho, los entendidos puntualizan que las versiones con otras frutas no son auténticos clafoutis. Existe una variante idéntica que sustituye las cerezas por ciruelas (pasas o frescas de temporada) conocida como flognarde. Ambas tartas se han interpretado libremente hasta el infinito; pero si deseamos servir en nuestra mesa la versión original, debemos seguir el consejo de quienes las han preparado toda la vida: con cerezas negras enteras para el clafoutis y con ciruelas pasas para el flognarde. A partir de ahí, todo lo demás.


En su composición, además de las cerezas, lleva huevos, leche, azúcar y un toque aromático de licor al gusto, como Kirsch o Cognac. Partiendo de esa base, la voluntad y la creatividad del repostero pueden hacer que, sin diferir excesivamente del original, salgan verdaderas delicias. Un ejemplo es la tarta que hoy os enseño: un Clafoutis en toda regla pero con mi toque personal. He hecho algunos cambios siguiendo mi propio criterio, como quitar el hueso a las cerezas para que sea más cómoda de comer, y la verdad es que ha quedado exquisita.

La consistencia que conseguí es un poco más densa que la de un flan; quise que quedara así a propósito para que, una vez horneada, pudiera cortarla en porciones perfectas. No deseaba que al servirla se esparciera por todo el plato, algo que he visto en algunas páginas de internet. Si bien pienso que esto no afectaría al sabor, en cuanto a la presencia no es lo más agradable, al menos para mi gusto.

El clafoutis tradicionalmente se sirve templado. Una vez horneado, se deja reposar unos minutos antes de cortarlo en porciones; si se acompaña con helado de vainilla o crema inglesa queda delicioso, aunque todo depende de cuánto queramos enriquecer el postre. Lo cierto es que servido a temperatura ambiente está riquísimo (que es como lo tomamos nosotros). Incluso al día siguiente, tras guardarlo en el frigo, seguía espectacular: guardamos un par de trozos y nos gustó tanto como recién hecho.

El clafoutis se sirve tradicionalmente templado. Una vez horneado, se deja reposar unos minutos antes de cortarlo en porciones; si se acompaña con helado de vainilla o crema inglesa queda delicioso, aunque todo depende de cuánto queramos enriquecer el postre. Lo cierto es que servido a temperatura ambiente está riquísimo (que es como lo tomamos nosotros). Incluso al día siguiente, tras pasarlo por la nevera, seguía espectacular: reservamos un par de trozos y nos gustó tanto como recién hecho.

Comenzamos.


INGREDIENTES
  • 560 g de cerezas del Valle del Jerte
  • 250 g de yogur griego de vainilla
  • 100 g de harina de trigo
  • 100 g de azúcar
  • 16 g de azúcar vainillado
  • 1 cucharadita de postre de vainilla Bourbon ECO
  • 4 huevos de gallinas felices
  • 70 ml de leche
  • 1 pizca de sal rosa del Himalaya
  • Cantidad necesaria de mantequilla (para untar el molde)
Utensilio recomendado: Un molde cerámico de 24 x 24 centímetros.

Cerezas del Valle del Jerte

ELABORACIÓN
Preparación de la crema del relleno
  1. Mezclar la base: Cascar los huevos en un bol, añadir la pizca de sal, el azúcar, el azúcar vainillado y la vainilla Bourbon. Batir bien con las varillas de repostería hasta obtener una mezcla homogénea.
  2. Integrar los lácteos: Verter la leche, incorporar el yogur griego y mezclar hasta conseguir una crema fina y suave.
  3. Añadir la harina: Incorporar la harina tamizada y batir con suavidad hasta deshacer por completo los posibles grumos. (Nota: Si se desea, este es el momento de aromatizar la crema con un chorrito de licor de cerezas, kirsch o Cognac).

Montaje y horneado del clafoutis

  1. Adecuar la fruta: Lavar, escurrir y secar meticulosamente las cerezas. Cortarlas por la mitad y quitarles los huesos.
  2. Encamisar el molde: Untar el molde cerámico con mantequilla y espolvorear la superficie con un poco de azúcar.
  3. Disponer los ingredientes: Volcar las cerezas en el molde, repartiéndolas bien para cubrir toda la base. Acto seguido, verter la crema del relleno con cuidado sobre ellas.
  4. Primer horneado: Con el horno precalentado a 250 ºC (calor arriba y abajo) durante 10 min, introducir el molde y hornear durante 20 min a 170 ºC con calor solo abajo.
  5. Segundo horneado: Encender de nuevo la parte superior del horno y hornear durante 20 min más a 200 ºC hasta que la superficie esté dorada.
  6. Reposo y presentación: Sacar del horno y dejar templar unos minutos antes de cortarlo. Espolvorear con azúcar glasé justo antes de servir.
Mis recomendaciones y sugerencias
  • Este postre es sumamente versátil: se puede disfrutar tanto templado como frío del frigorífico.
  • Para elevarlo a otro nivel, acompáñalo opcionalmente con una bola de helado de vainilla, una base de crema inglesa o unas natillas caseras.
 














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